Conseguir la igualdad entre los sexos es tarea difícil, aunque no imposible. Con estos escritos intento equilibrar la balanza y reconocer los méritos de muchísimas mujeres a lo largo de la historia, a la vez que analizar de dónde proceden tales desigualdades y así entre todos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, luchar por un mundo más justo.

domingo, 13 de octubre de 2013

Micromachismos de crisis

MICROMACHISMOS DE CRISIS
Se utilizan en momentos de desequilibrio o disfunción de la pareja, como el aumento de poder personal de la mujer por cambios en su vida, o pérdida de poder del varón por desempleo o limitación física. Estos cambios se producen cuando la mujer reclama mayor igualdad en la relación, algo que obligará al varón a modificar sus hábitos de  superioridad. Para recuperar su satatus quo, utilizará maniobras como estas: 

*      Hipercontrol sobre las actividades, tiempos y espacios de la mujer frente al temor de que su aumento de poder real o relativo, pueda dejarlo a él en un segundo plano o inferiorizado. 
     Seudoapoyos que se anuncian sin llevarse a cabo y no se ayuda a la mujer a repartir la carga doméstica y tener más tiempo.
*      Resistencia pasiva y distanciamiento utilizando la falta de apoyo de la mujer en ese momento. Amenazas de abandono distanciamiento o infidelidad. 
*   Rehuir la crítica y la negociación ante el reclamo de la mujer solicitando actitudes más igualitarias, se acompañan de culpabilización hacia el cambio femenino ¿Por qué debería cambiar si tú cambias? Sería una de las frases.
*     Victimismo. El varón se declara víctima inocente de los cambios y “locuras” de la mujer, con el fin de intentar doblegarla. Si él decide algún cambio lo vive como un sacrificio, esperando ser aplaudido y frustrándose si no lo hacen: ¡A ti nada te conforma! Es la frase manipulativa.
*      Darse tiempo para alargar el tiempo de decisión en los cambios reclamados, dilatando la situación de injusticia relacional. Es una maniobra de poder, ya que obliga a la mujer a someterse a los tiempos y deseos del hombre. Este conserva el poder de decisión para elegir el momento del cambio: ¡Ya hablaremos!, ¡Ya veremos!... Otro modo es la negativa ante una ayuda terapéutica.
*      Dar lástima para que la mujer ceda, buscando aliados que comprueben lo bueno que es él y lo mala que es ella. Enfermedades, autolesiones…etc. Apelan a la predisposición femenina de cuidado y le inducen a pensar que sin ella él podría acabar muy mal.

    EFECTOS DE LOS MICROMACHISMOS
    -En las mujeres:
    Agotamiento de las reservas emocionales generando una actitud defensiva o de queja ineficaz por el sentimiento de derrota que producen.
·   Deterioro de su autoestima, desmoralización, inseguridad, y disminución de la capacidad de pensar.
·    Disminución de su poder personal y parálisis de su desarrollo personal.
·   Malestar difuso, irritabilidad crónica y hartazgo de la relación de lo cual se autoinculpa al no percibir que son producidos por presión externa y que son motivos de consulta en Centros de Salud. Dicho malestar suele atribuirse a exageración de “ciertas características femeninas”.

     -En los varones:
    Conservación y aumento de su posición de poder y un desinterés por las necesidades y derechos de la mujer.
·   Afirmación de su identidad masculina basada en la creencia de su superioridad sobre la mujer.
·   Aislamiento receloso creciente, ya que el dominio no asegura el afecto, solo genera aumento de desconfianza hacia la mujer, a la que no puede controlar totalmente.

    -En el vínculo producen:
·    Encarrilamiento de la relación hacia los intereses del varón, favorecidos por la cultura patriarcal de aceptarlo tal y como es, y que a lo sumo lo traten con sus “armas ocultas”. Así se van creando condiciones para la disponibilidad de la mujer hacia el hombre, no al contrario. Esto permite que predominen las situaciones que el varón desea y la perpetuación del desequilibrio de poder y disfunciones en la relación. Muchas mujeres suelen decir: ¡Cómo no voy a ceder, no voy a estar peleando siempre!
·   Etiquetar a la mujer como culpable del deterioro del vínculo cuando ella desea igualdad y él se la niega. A veces la mujer percibe que “algo anda mal” pero el varón lo niega. Al no aclarar las causas, ella por mandato de género tiende a autoinculparse y él que no se reconoce como dominante, parece inocente.
   Guerra fría con la transformación de la pareja en adversarios convivientes y empobrecimiento de la relación, creando situación propicia para otros abusos y violencias.

 CONSIDERACIONES FINALES
Las mujeres se alegrarán de entender mejor las maniobras en las que se ven involucradas, pero soportarán menos reconocer su propia subordinación, por lo que muchas veces, tenderán a seguir resposabilizándose de lo que es solo responsabilidad masculina, ya que al menos eso mantiene la creencia de tener algún poder sobre la relación.
Los varones no aceptarán de buen grado lo que en ellos permanece de la atávica dominancia masculina. La transformación se basa en reconocer y aceptar estos hechos. Por eso, nombrar es uno de los modos de hacer "visible lo imperceptible".Describir y clasificar los micromachismos nos lleva a que puedan ser transformados y anormalizados, esto es, considerar que sus efectos no son triviales y que deben ser incluidos en prácticas de violencia de género para tratar de erradicarlos. Anormalizarlos también porque “…si se perciben aisladamente se juzgan como intranscendentes sin evaluar el daño que producen por reiteración y su capacidad de ser caldos de cultivo para otras violencias.” Nombrarlos supone un análisis crítico de lo cotidiano y de los comportamientos de seudoigual que circulan en nuestra sociedad.
En conveniente detectar sus efectos ya que disfunciones emocionales e inseguridades están provocadas por los micromachismos, y hace que los profesionales en salud los achaquen a problemas personales o "exageraciones" femeninas.

Aunque las consideraciones finales son más extensas, he decidido terminar con estas palabras textuales del autor, y por supuesto, recomiendo leer el original.

 “Alertar sobre su existencia y frecuencia supone también criticar las creencias que las violencias de género son solamente sus formas más dramáticas y que sólo la ejercen algunos varones. Como hemos visto, los micromachismos también son violencia de género y son comportamientos habituales en todos los varones: la violencia no es sólo cosa de otros, sino también de nosotros (varones). Reconocer esto supone que los varones que creemos en la igualdad, debemos hacer algo más que acompañar a las mujeres en sus reclamos y adaptarnos con esfuerzo a los cambios femeninos: debemos cambiar también nosotros. Por esto último, nombrar los micromachismos debería servir para contribuir a que los varones que no se reconocen en el ejercicio de la violencia mayor, que tienen una ética de justicia y respeto, no ignoren las propias maniobras de dominio y dominación cotidianas.

Para concluir: sería un error deducir de todo lo que hemos descrito un juicio descalificador y una atribución de "maldad" hacia todos los varones. Lo que sí muestran estas líneas con claridad es una crítica a un modelo masculino tradicional que se basa en creer que el varón es superior, que provoca daño a las mujeres y que tampoco es humanamente provechoso para los varones, que quedan, para defenderlo, cada vez más atrapados en el pasado. De este modelo derivan las violencias de género entre las que están los micromachismos. De estas violencias los varones son responsables, las mujeres no son responsables y por tanto sólo a ellos les corresponde intentar modificarlas por sí mismos si desean relaciones igualitarias y cooperativas con las mujeres. Ellas sólo podrán presionar pero no cambiar lo que ellos no quieran.

15 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

ya estamos juntas enredadas en dos blogs tan diferentes...
Me encanta el tuyo
Y aunque no sigo a nadie
tengo muchas preferencias y vos me encantaste

mi angel querido dijo...

Lo que más miedo me da es que me peguen un guantazo, psicológico o físico. Si he conocido a muchos machitos que se niegan a hablar con tal de no reconocer sus propias debilidades. Y aún les queda mucho que aprender.

mi angel querido dijo...

Y por ello las madres deben tratar a los hijos igual que a las hijas. Tú no sabes la de machismos y micromachismos que yo he vivido y he tenido que aguantar en mi trabajo, e incluso por parte de la mentalidad de las mujeres que allí estaban. En mi blog tengo una entrada al respecto.

mari carmen garcia franconetti dijo...

...Y llevamos años y siglos...

¿Hasta cuándo todavía?

Antonia, ¿veremos una igualdad real, compartida y sólida nosotras?

Muy oportuna tu entrada, querida amiga, tan actual como los siglos que llevamos padeciendo...
Un beso, guapetona.

Antonia dijo...

Gracias por vuestra participación y opinión. Parece que las mujeres seguimos estando en un plano inferior, aunque en la universidad haya más mujeres que hombres y puedan acceder a puestos similares, lo cual supone para ellas un doble trabajo. Y si no, preguntad.
Hasta que la educación no se ocupe de generar esa igualdad, lo menos que podemos hacer es procurarla, aunque sea de forma particular. Tomar conciencia y de paso intentar concienciar a otras mujeres de la situación real de injusticia. Es posible que alguna vez, mujeres y hombres seamos medid@s por el mismo baremo.
Pues queridas, mando besos para todas.

Santiago González Sacristán dijo...

Oye, Antoniagsousa, me hecho seguidor de tu blog, espero correspondencia si te parece. Es interesantísimo eso de los "micromachismos", pero por desgracias son tonterías de psiquiatras. Los machismos son machismos con mayúsculas. Y los que agreden o violentan o hacen daños a las mujeres no son ni machistas ni nada parecido, son simple y llanamente unos delincuentes y unos asesinos. ¿Tú te crees que un sujeto que agrede a su mujer es consciente de todo ese repertorio variopinto de acciones descrito por el psiquiatra, como se llame? ¡Anda ya! Es simplemente un bruto y un sujeto impresentable, que agrede a una mujer como podía hacerlo con un hijo o con un vecino. Lo que pasa es que el psiquiatra tiene que publicar para vivir y vender sus ¿historias? a lectores desinformados. Vivimos en una sociedad con códigos machistas y hay que avanzar mucho para eliminarlos. Pero, ¿qué hacéis vosotras? Vosotras tenéis vuestras armas, o es que sois unos angelitos pasivos siempre. Yo he visto a hombres destruidos por sus mujeres y a hombres que se han suicidado porque sus mujeres les ponían los cuernos y no eran capaces de enfrentarse a ellas. Hay que contar toda la verdad y nuestra sociedad, machista y patriarcal en general, lleva dentro de sí tantos comportamientos como personas forman parte de ella. Lo del psiquiatra penoso, y lo básico es aplicar la ley duramente y hacerla más dura si es necesario. Somos todos iguales, hombres y mujeres, pero iguales para todo. En fin, que espero que te haya aportado otro punto de vista y no el de estar siempre de acuerdo con un tipo por muy psiquiatra que sea. Cada ser humano tiene sus armas para defenderse y no hay que subestimar a nadie. Los brutos a veces se imponen por su fuerza, pero yo creo que hay otros elementos en la relación de pareja que no conducen inevitablemente a que la fuerza triunfe. No os veo, mujeres, tan indefensas como os créeis. Me parece que vuestra esperanza de vida es superior a la nuestra. A mí es que tantas generalidades me parecen absurdas. Prefiero analizar caso por caso y no escribir un catálogo de conductas machistas. Eso no sirve para nada. Describir es lanzar humo. Prefiero leyes duras a humos psiquiátricos. Gracias y perdona la extensión, antoniagsousa. El tema lo merece.

Antonia dijo...

Tomo nota de tu opinión Santiago y procuro una respuesta:
Supongo que has leído detenidamente el texto, y si es así, habrás observado que existe diferencia entre el machismo asesino y los micromachismos. Estos últimos son los actos cotidianos, a los que estamos tan acostumbrados que apenas los percibimos, yo misma leyendo este trabajo he caído en la cuenta de algunos que no matan, pero que a la larga minan la autoestima de las mujeres. Y si eres observador comprobarás que estás rodeado de ellos y que tú mismo los cometes. Por supuesto no es culpa tuya, sino producto de los roles establecidos, como ya he indicado anteriormente en respuesta a otras entradas. Ponerles nombre es hacerlos vivibles y conocer contra qué luchamos: Contra los códigos machistas que tú mismo citas. ¡Ah! Por supuesto las mujeres no somos angelitos… ¡Claro que no! Estaríamos extinguidas si así fuera. Somos luchadoras en un mundo hostil, gobernado por hombres. Bueno, esto es un extremo pero me gusta la frase. Pero es cierto que cada cual lucha y sobrevive como puede.
Entiendo tu menosprecio hacia los psiquiatras, pero tampoco todos son iguales y en este caso Luís Bonino se ha molestado en realizar este minucioso (creo yo) trabajo en el cual ha señalado estas actitudes con el fin de intentar erradicarlas, ya que estos micromachismos son caldo de cultivo para los asesinatos de mujeres, no de mujeres en general, sino de sus compañeras, madres de sus propios hijos. Eso es peor que un asesino en serie al que su locura le incita a matar.


Si has echado un vistazo al blog te darás cuenta que no me baso en un solo texto y que con la información que tengo puedo valorar si merece la pena o no publicar un escrito. Me gusta ser seria con estos asuntos y siempre en mi línea, ofrecer información fidedigna y veraz aportando las fuentes necesarias de tal procedencia.
Pues creo que quedas contestado y ya solo me queda darte las gracias por tu válida opinión y por supuesto, en justa reciprocidad seguir tu blog. Aunque veo que no has elegido este para seguirme, sino el de humanidades. Bueno, bueno, espero que recapacites.
Recibe un cordial saludo.

Santiago González Sacristán dijo...

Antonia, te envío mi comentario, respuesta al tuyo, en dos o tres mensajes, ya que no cabe en uno. Vamos allá.

1ª parte:

Antonia, lo siento, pero ni me has contestado ni entiendo ese "Recapacites". ¿A qué te refieres, sobre qué tengo que recapacitar, sobre el blog que sigo o sobre el tema de fondo? ¿Por qué no recapacitas tú? Si partes de que tú tienes la razón porque estás de acuerdo con el texto de un psiquiatra, un texto absurdo y sin ningún sentido, entonces nos separan kilómetros de distancia neuronal y cerebral. Deja en paz al psiquiatra, que sólo escribe para ganar dinero (¿es un hombre o no?, jamás podrá ponerse en el lugar de una mujer, jamás, ni biológicamente ni educacionalmente ni vivencialmente), y dime qué piensas realmente sobre el tema. ¿Cuántos casos de maltrato real conoces? Dos, tres, uno, ninguno. ¿Cuántos?
Habla de lo que conoces, no de lo que dicen otros que están metidos en un circuito industrial y les importan un pimiento el maltrato a las mujeres, sólo quieren ganar dinero con sus ¿estudios? y ya de paso dar argumentos a quien no los tiene. Además, en un tipo italiano, creo. ¿Conocerá la realidad de España o de tu provincia o de tu ciudad o de tu pueblo? Yo creo que no. Y hablar así en plan general, pontificando, sólo lo hace el tal paco de Roma, y se equivoca más que nadie. Por otra parte, ¿ese estudio te ha descubierto comportamientos que no conocías? ¿Estabas mirando hacia otro lado o es que nunca te has encontrado con esos problemas? ¿Hablas desde la teoría o desde la práctica más rabiosamente real? Tú me dirás. Mira, voy a empezar a comentar tu texto a ver si recapacitas tú:
-"Actos cotidianos que apenas los percibimos" Curioso como poco, actos que se perciben apenas, ¿eso qué es?, o se perciben o no se perciben, o es que el psiquiatra los percibe desde su escritorio cómodamente sentado o se basa en casos reales. ¿Pone ejemplos? ¿O pontifica? No lo entiendo.
-"Algunos no matan, pero minan las auto-estima de las mujeres?: Si no matan, para qué los incluye. Si son "actos cotidianos", ¿qué quiere el psiquiatra? ¿qué cambiemos nuestra cotidianeidad? ¿Qué digamos sí a lo que él quiere? Sigo sin entender nada. Luego dices que "minan la auto-estima de las mujeres", ¿de todas?, ¿de algunas?, ¿de qué tipo de mujeres? ¿tú tienes tu auto-estima minada? ¿por qué no me dices a qué mujeres les minan esos actos cotidianos? ¿a las que no tienen cultura? ¿a las que no leen al psiquiatra?
Luego dices que "tú estás rodeado de ellos y tú mismo los cometes". ¿Estás presuponiendo que yo cometo micromachismos y que yo mino la autoestima de las mujeres? Si no me conoces, por qué dices eso. ¡Tú que sabes cómo me comporto yo! Pero bueno, porque lo diga un psiquiatra ya me estás acusando de ser un machista. ¿De qué me estás hablando? ¡Tú qué sabes! ¡Hala, a atacar a la gente sin distinguir y sin descender a casos concretos! ¡Todos somos unos micromachistas! ¡Viva la Pepa! No hay por dónde coger el argumento, Antonia. ¡Tremendo!
Además dices que "no es culpa tuya". ¿Culpa de qué? En fin, deprimente.

Santiago González Sacristán dijo...

2ª parte:

"Sino de los roles establecidos". Déjame que me ría un poco. Antes la culpa era del maestro armero, ahora los culpables son los roles. Roles o papeles o comportamientos que en un 99,467% son correctos y no generan problemas de convivencia graves, pero que en un 0,533% sí que los generan. ¿No será culpa de los sujetos, de los homínidos, de los seres humanos responsables de esos comportamientos? ¡Mejor echar la culpa a los roles1 ¡Cómo no pueden defenderse! ¡Qué venga un rol a prestar declaración! ¡Vamos, hombre, son ganas de perder el tiempo!
Luego dices que "ponerles nombre es hacerlos visibles y conocer contra qué luchamos". Vamos a ver, poner nombre a algo se llama bautizarlo, hacerlo visible es otra cosa. Y eso de conocer contra qué luchamos. ¿Vas a luchar contra los actos cotidianos? ¿Vas a ponerte a analizar cada acto cotidiano? ¡Si haces eso, acabarás loca perdida, te lo aseguro yo! Al psiquiatra le da igual, porque cuanto más locos sueltos, más clientela tiene y más dinero gana.
En fin, Antonia. No quiero seguir para no aburrirte, pero a todo lo que dice el sujeto ese de la psiqué (alma, ¿qué es eso?), lo das la vuelta, lo miras al revés como hacía Leonardo, y tienes ahora sí la realidad ante tus ojos.
Termino, paciente amiga. La psiquiatría no es una ciencia, no tiene base alguna, y sólo estudia comportamientos, que son infinitos como las aguas del mar y las arenas de la playa. Por tanto, lo que venga de un psiquiatra, ni caso.
¿Qué me dices de los suicidios masculinos? ¡Ahí no entras, claro! ¿Sabes cuántos hombres se suicidan en este país al año y cuántas mujeres? ¿Te has enfangado como yo lo he hecho en casos reales de suicidios que ponían fin a relaciones de pareja? Las cifras están ocultas, no las publica nadie, pero están en un Ministerio que. para no crear adicción, las mantiene ocultas. Yo te garantizo que hay más hombres suicidados que mujeres maltratadas. En cualquier caso, los comportamientos ilegales son única y exclusivamente responsabilidad de sus autores. Y créeme, esas guías de pseudoexpertos no valen para nada. Te invitan a analizar cada segundo de la realidad y a equivocarte cada dos por tres. Y eso si es que no acabas como una cabra, dando importancia a pequeñas cosas que son normales.
En resumen, mano dura con los infractores de la convivencia humana y con los maltratadores de sus semejantes, sean hombres o mujeres. Lo de los roles y lo de la sociedad patriarcal lo discutiremos otro día. Créeme que hemos avanzado mucho y que las mujeres, más que víctimas, tenéis que sentiros responsables de lo fundamental, de la educación de vuestros hijos, varones y hembras, para que no tengan de adultos comportamientos delictivos.Es lo que yo hago con mis vástagos, predicar con el ejemplo, no descubrir pólvoras ni mediterráneos ya descubiertos (el psiquiatra parece italiano como Colón, y yo me pregunto qué quiere descubrir a estas alturas o es que quiere hacer méritos en su currículo). La letra impresa tiene carácter adictivo y tendemos a dar por bueno todo lo que leemos. Craso error. Hay que ser críticos a tope, querida Antonia. Expertos, los hay pocos en estos temas, de hecho hacen su informe cuando ocurre algún hecho luctuoso y se van tan tranquilos a su casa. Jamás empatizan con las víctimas. Hablan desde el púlpito de Freud y sólo dicen banalidades generales. Hablan siempre a toro pasado, jamás preveen nada. ¡Vaya expertos, vive Dios!¿Expertos en qué? Si no curan a nadie... Tú sabes poco de la vida personal del fulano ese, yo menos. Así que no te fíes de nadie. Ni de la virgen, como dice el refrán castellano. Procura salir corriendo cuando quieran darte lecciones de lo que tú debes conocer por tu experiencia, por tu propia vida. ¿O es que hablas de oídas? Cordialmente y perdona el rollo, pero ese recapacitar no me gusta nada, nada de nada. ¡Recapacita tú! ¡Será posible! Cordialmente como siempre.

Antonia dijo...


Santiago, en primer lugar te hago constar el sentido de ese “recapacitar” que tanto te abruma. Probablemente le ha faltado un emoticono con algún gesto simpático, o quizás una onomatopeya de carcajadas. He querido decir que finalmente no te has atrevido a seguir un blog donde las mujeres y su historia son absolutas protagonistas. Compruebo que has “recapacitado” y te tengo de seguidor. (jejejj)
Otra cosa: lo tuyo y los psiquiatras no tiene arreglo, será que yo no los conozco tanto como para tenerles esa inquina, es más, muestro respeto por su trabajo si me parece adecuado, como es este caso. Lo que pienso sobre el tema es lo que expongo: un grave problema de asesinato de mujeres, desgraciadamente muy extendido y en el que hay culpables. La clave está en saber por qué algunos hombres actúan de ese modo y pienso que la base está en la cultura que a la larga padecemos todos: la cultura patriarcal.
Probablemente seré una idealista y mi vida se puede suponer fácil, aburriría si la contara, pero por fortuna estoy rodeada de hombres a los que quiero y respeto, más que nada por eso: por ser hombres. Y aunque lo sean entienden lo injusto, a veces hay que explicarlo, pero a la larga lo que quieren es vivir felices, igual que las mujeres. Y que conste que conozco casos de maltrato que ni las mentes más perversas podrían entender. De cualquier modo, la prensa diaria es una buena fuente para encontrar casos de asesinato. Aún así me inquieta el dato que aportas sobre suicidios, por aquello de que no se publican “para no crear adicción” ¿Y los asesinatos de mujeres sí?
Ahora paso a lo que llamas “bautizar” es decir, ponerle nombres a las cosas: seguramente has oído hablar de Heidegger y su Teoría del lenguaje en ella indica que solo cuando se ha nombrado a la cosa, puede esta ser comprendida. Solo cuando se encuentra la palabra, existe la cosa. Sin palabras no hay pensamiento. Bautizar es otra cosa. “Ninguna cosa sea donde falte la palabra”dice un poema de Stefan George. Por tanto cuando se señalan esos pequeños actos cotidianos que van minando la autoestima de las mujeres (insisto) es cuando nos damos cuenta que realmente existen y efectivamente, podemos luchar contra ellos y remediarlos dentro de nuestras posibilidades. ¿Qué cómo está mi autoestima? Eso no lo voy a contar en un blog, por supuesto.
Aunque no te conozco de nada, me atreví a decir que tú también cometes micromachismos por el hecho de compartir la misma cultura. Aunque cada uno tenemos nuestra forma de actuar, existe un modelo que todos y todas seguimos. Las mujeres sabemos de eso. ¿Y qué decir de los roles? Pues eso, un modelo establecido a que debemos parecernos para unos, ser hombres y otras mujeres. ¿Qué se decía de mujeres que van con pelo corto, pantalón cómodo, camisa holgada y botines? Pues… ¿Qué no es muy femenina? O directamente que es lesbiana? Pues eso.
Otra cosa es la de acusar a profesionales de no empatizan con las victimas ¿Acaso tú los conoces? ¿A todos? En mi entorno hay profesionales de la sanidad que han tenido que pedir excedencias por empatizar con las víctimas, precisamente.
Otro asunto es responsabilizar a las madres de la educación de los hijos, con eso echamos balones fuera y la educación estatal y los medios de comunicación en general se lavan las manos enviando mensajes machistas, porque quienes tiene que educar son las madres. ¡Anda qué…!
Por otro lado, si algo intento es ser crítica con todo cuanto observo o leo, así me lo enseñaron, pero también tengo mi opinión y está reflejada en cuantas cosas publico.
¡Ah! Y nunca saldré corriendo cuando alguien quiera darme lecciones. Lo escucharé y decidiré si merece la pena o no escucharlo. Tan nefasto es “todo vale” como el “nada vale”
De momento te indico un enlace en el que cuento algo sobre Heidegger:
http://hantoniaconache.blogspot.com.es/2010/06/lengua-habla-palabra.html
Pues nada, recibe un saludo cordial y me alegra que en cualquier caso te haya interesado este tema, para bien o para mal.

Santiago González Sacristán dijo...

Heidegger me importa un pimiento, quien me importa eres tú. Y, como bien dices, eres una idealista. Punto y final. Hasta nunca. En mi blog tienes las claves para esta despedida brusca. Sigue fiándote de la prensa, de los psiquiatras y de Heidegger. No te arriendo las ganancias. ¿Los hombres que te rodean también son unos micromachistas? ¡Ten cuidado! ¡Corres peligro! ¡Anda ya! Vete a unan isla desierta y cómprate un trozo de océano. A ver si entonces estás a salvo de la convivencia. Antonia, hasta nunca con mi más cordial de los saludos. Y dile al Bonino ese que es un mentecato por ganar a dinero a cambio de enseñarte lo que ya sabías. ¿Te ha abierto los ojos? Idealista, más que idealista.

Antonia dijo...

No huyo de la convivencia, la prueba es que hasta me muestro agradecida por tu participación y tu otra forma de ver las cosas. Por cierto Heidegger te interesaría como escritor que dices que eres.
Un saludo, y si te he visto no me acuerdo, con mis saludos más cordiales, por supuesto.

Santiago González Sacristán dijo...

Yo a ti ni te he visto ni me acuerdo de ti. Me encanta que nuestro diálogo termine así. Mejor el odio que la indiferencia. Sumérgete en Heidegger y procura no ahogarte. Yo me voy a escuchar a Bambino. Canta "Ódiame" y te la dedica a ti. Adiós, "microfeminista". Espero que me dejes cerrar la bronca. Lo hago con un beso.

Antonia dijo...

¡Qué haríamos sin Bambino! "Odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido..."
Y vale... ¡Pa tí la perra gorda!

Santiago González Sacristán dijo...

No te veo por mi blog. Echo de menos nuestras broncas. ¿A qué estás esperando? Te sigo odiando a tope porque me pagas con indiferencia y esa moneda no es de curso legal en mi vida. En el fondo eres una ingenua, te lo crees todo.