Conseguir la igualdad entre los sexos es tarea difícil, aunque no imposible. Con estos escritos intento equilibrar la balanza y reconocer los méritos de muchísimas mujeres a lo largo de la historia, a la vez que analizar de dónde proceden tales desigualdades y así entre todos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, luchar por un mundo más justo.

sábado, 30 de julio de 2011

Ostentatio mammarum

En el ciclo de conferencias “Mujeres que hacen Historia” celebrado en la UPO. La profesora de la Universidad de Zaragoza, Mª del Carmen García Herrero presentó parte de su investigación a cerca de la influencia y autoridad que las mujeres de la Edad Media, ejercían sobre sus hijos varones mediante un gesto de exhibición corporal, usado en situaciones límite y que denomina ostentatio mammarum. Con el tiempo fué ignorado en las fuentes escritas y su significado se tergiversó dependiendo de la mentalidad de la época.

El asunto me interesó y pude encontrar el ensayo completo, del que hago un resumen, aportando algunos datos de los que dijo en su conferencia. La autora nos adentra en el tema aludiendo a un pasaje evangélico, que cuando era pequeña, le fascinaba, igual que a Cristina de Pizán en el siglo XV. Comienza cuando una mujer anónima, proclamó al ver al Hijo del Hombre: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron! A lo que Jesús respondió: “Di mejor dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan” (Lucas, 11, 27-28)
Estos párrafos aparentemente no tienen sentido, el diálogo no se entiende debido posiblemente a un choque de culturas . En la obra de Cristina de Pizán, se refleja la voz femenina, pero omite la contestación de Jesús. Es decir, quienes escribieron en la Edad Media señalan: Dichoso el vientre en que se encarnó Dios sin intervención de varón y los pechos de los que se nutrió el Niño física y espiritualmente. Estos son dos lugares santos, fuente de autoridad e influencia materna.
La autora sospecha que en el Occidente bajomedieval, la cultura dominante no soportaría bien el que las mujeres ejercieran algún poder y ofreció resistencias para admitir de forma natural, la autoridad y creatividad que provenía de ellas. Las estrategias de desautorización y desprestigio abundan, llegando a ser monótonas. Asombran por su capacidad de repetición y permanencia, siendo tolerantes con la influencia materna siempre que esta permaneciera en la sombra y no alterara el orden impuesto.

Veremos algunos ejemplos de estas influencias femeninas que pueden aclarar el tema:

Capítulo XVI del Libro I de La ciudad de las Damas: Razón y Cristina debaten sobre el cuerpo femenino, el valor y la fuerza física. Razón opina que Dios ha hecho un favor a las mujeres otorgándole la debilidad porque así no tienen que cometer crueles torturas y asesinatos que Fuerza manda acometer cuando se enseñorea por el mundo, sin embargo hay mujeres, continúa la Dama Razón, que a lo largo de la historia demostraron este valor para llevar a cabo las audaces misiones que se destacan en conquistadores y guerreros…
Una de ellas es Lilia, madre de Teodorico, caballero de la corte de Constantinopla que protagoniza el siguiente episodio:
Los romanos se vieron atacados por Odoacro, que quería destruir toda Italia. Cuando pidieron ayuda a Constantinopla, les fue enviado su mejor caballero, Teodorico, pero en plena lucha todo se volvió contra él y emprendió la huída hacia Ravena. Su madre vio como huía su hijo, y pensó que no había mayor infamia que abandonar el campo de batalla. Su dignidad pudo más que su amor materno y corrió al encuentro de su hijo para suplicarle que continuara la lucha. Como sus palabras no tenían efecto se levantó el vestido y le gritó -¡Quieres huir, hijo, vuelve entonces al vientre que te llevó! Teodorico se vio humillado y volvió al combate avergonzado por la amonestación de su madre. Luchó hasta derrotar al enemigo. Así Italia entera fue salvada por el acierto de una mujer y el honor de la victoria, más que sobre el hijo debería recaer sobre la madre. (Cristina de Pizán, La ciudad de las Damas) En el pasaje se muestra el poderoso vínculo materno. Lilia se presenta como una mujer valerosa, sabia, enérgica, que ha nutrido (en el sentido de alimentar física y moralmente) a su hijo haciendo un varón hermoso y esforzado gracias a sus enseñanzas. Relaciona la valía del hijo con la figura materna. Esta actuación no tuvo repercusión en fuentes coetáneas llegadas hasta nosotros.
Teodora y Justiniano: En el 532 Procopio de Cesarea, deja testimonio de las palabras de la emperatriz Teodora cuando el pueblo sublevado acobarda a Justiniano y sus consejeros. Estos se disponen a huir. Teodora mediante su discurso evita lo que considera una “ignominia indigna de la púrpura”. En este caso, Teodora fue atendida por su marido.
Canto XXII de la Ilíada de Homero en el que Hécuba destapa sus pechos ante su hijo Héctor para intentar disuadirle de la lucha. La madre de éste, "desnudó el seno, mostróle el pecho, y derramando lágrimas, dijo estas aladas palabras: ¡Hector, hijo mio! Respeta este seno y apiádate de mí. Si en otro tiempo te daba el pecho para acallar tu lloro, acuérdate de tu niñez, hijo amado; y penetrando en la muralla, rechaza desde la misma a ese enemigo y no salgas a su encuentro.” Pero en este caso no logró su cometido…
En el 420, San Jerónimo en la Carta al monje Heliodoro ofrece un escena vivida en la que la madre y el padre, intentan convencer al hijo varón para que desistiera abrazar la vida religiosa y donde la exhibición de los pechos maternos cobraba protagonismo: “Aunque vuestra madre con los cabellos en desorden, las ropas desgarradas, os mostrara los pechos que os amamantaron;…” La mujer que amamantó , que enseñó a hablar ocupa un papel relevante capaz de influir en el hijo, cuya aprobación es posible que necesite de alguna manera.

La exhibitio mammarum es un tema que se registra en diferentes épocas y culturas:

En el Libro secreto de los Mongoles del siglo XIII se narra la epopeya de Gengis Kan, conquistador del mundo, que siente miedo y vergüenza ante su madre Joguelun que sentada con las piernas cruzadas, descubre ambos pechos (…) tras esperar Gengis Kan dijo: “Viendo a mi madre airada, me asusté, tuve miedo. Me avergoncé, sentí vergüenza."
El hijo contraviene a la madre, sabe sus deseos y no se siente capaz de oponerse a ella y en secreto oculta sus acciones, aunque sin duda operan autoridad. Pero “La influencia, es poderosamente débil y en última instancia todo queda a merced de la voluntad de quien la recibe."

Teniendo en cuenta estos hechos, podemos entender algunas representaciones en textos o imágenes como la matanza de los Inocentes en las que las madres de las criaturas recurren a enseñar sus cuerpos cuando sus súplicas son desoídas. Algunas madres cuando sus hijos van a ser degollados abren sus túnicas y muestran sus pechos a los soldados recordándole que ellos también son hijos. Como en el Códice de Egberto del siglo X.
También tuvo sentido la proliferación de imágenes de la Virgen amamantando a Jesús. María consiguió influir en su hijo para realizar el primer milagro en las Bodas de Canaan, por eso se pensaba que la intervención de la Virgen era importante para conseguir el perdón de los pecados y más cuando se apelaba a ella en condición de Alma Mater, madre que nutre. Se recordaba al Salvador lo mucho que debía a su madre. Es la culminación de la autoridad e influencia materna puesta al servicio de la empresa más transcendente: la redención humana.
Así volviendo al punto de partida, al seno bendito que posibilitó la encarnación de Dios y a los pechos dichosos que alimentaron física y espiritualmente al Hijo de Dios, era algo tan arraigado y poderoso que el Concilio de Trento prohibió este tipo de representaciones marianas.
Con el tiempo estas imágenes no se van entendiendo y se tiende a sustituirlas o a considerarlas profanas o escandalosas.

La profesora en su conferencia aporta algunos datos más, como la entrevista realizada a la Premio Nobel de la Paz Wangari Maathai en el que cuenta un testimonio donde muchas mujeres, especialmente madres se desnudaron delante de los soldados para conseguir liberar a sus hijos. Es una costumbre africana que cuando mujeres mayores son atacadas por hombres jóvenes, se desnudan para avergonzarles mostrándoles la desnudez de sus madres".

Otra demostración más de este gesto lo tenemos en la obra de Delacroix, La libertad guiando al pueblo. (Primera ilustración) y para leer el ensayo completo podemos ir a este enlace:



2 comentarios:

mari carmen garcia franconetti dijo...

Toda una magnifica invitación a la reflexión, tema exquisitamente escogido.
Tanto lo que escribimos como lo que leemos, nos define en cierta manera. Intuyo en tí a una persona inteligente y sensible. Extraordinaria aportación que te agradezco que compartas con nosotros.
Te seguiré con mucho interés, Antonia, por supuesto, estaremos en contacto.
Un saludín

Antonia dijo...

Gracias Mari Carmen: es este un granito de arena para intentar difundir el trabajo de esta historiadora que dedica parte de su vida a la investigación de la historia de las mujeres durante la Edad Media. Demostrando que no siempre han estado negadas de autoridad e influencia.
Me alegro que te guste y que participes.
Hasta pronto.